Ángulo Perfecto
Ana llamó rápidamente a Camila para que la acompañara en la observación del tan extraño fenómeno y juntas descubrieron que era posible presenciarlo únicamente en un punto específico, el que Camila más tarde bautizó como el “ángulo perfecto”. Desde este punto específico (que era tan estrecho que ambas tenían que estar de pie y abrazadas para ver simultáneamente) era posible presenciar colores imposibles, longitudes de onda que no serían visibles en otras circunstancias y experimentar sensaciones tan placenteras que la descripción verbal no podría siquiera dar una ínfima pista de lo que en realidad significaba.