Ángulo Perfecto

A lo largo del litoral de Chile (y tal vez de todos los territorios) se esconden entidades que pasan por años desapercibidas. Incluso en las ocasiones en que se hacen visibles (o dan a entender su presencia con otro tipo de evidencia), sólo la perspicacia del especialmente inteligente, o la intuición del particularmente sensible podrán dar cuenta de su existencia. Y aunque el sigilo natural de tales entidades escasamente conocidas es suficiente como para mantener a la población ignorante, y por lo tanto tranquila, hay ocasiones en que las autoridades políticas intervienen, tal vez con la intención de evitar muertes innecesarias o de prevenir escándalos. 

Tal es el caso de la municipalidad de El Quisco, balneario popular entre los habitantes de la zona central del país. Siguiendo el protocolo de la compañía de control de entidades, el alcalde de la municipalidad fue informado del hallazgo de evidencia de una presencia extraña. A pesar de las sugerencias de no hacer nada al respecto, los funcionarios municipales decidieron actuar, “sólo para estar seguros”. 

Cabe destacar que la ubicación del hallazgo era un roquerío de difícil acceso y escaso atractivo para el público, lo que hace la acción del municipio aún más innecesaria. Es tal vez esta acción preventiva, la que irónicamente causó que el hallazgo haya desencadenado en una tragedia. Dicho roquerío se encontraba entre la playa Pequeña y la playa Las Conchitas, ofreciendo un incómodo lugar para observar el mar y siendo accesible sólo desde un camino de tierra poco transitado. Esto causaba que el  lugar fuera completamente ignorado por los locales y más aún por los visitantes. Aún así, el acceso fue bloqueado con una cerca, lo que habría hecho que cualquier transeúnte asumiera que se trataba de una medida de seguridad. Fue quizá el letrero que decía en letras grandes “NO INGRESAR, PROPIEDAD PRIVADA” lo que llevó la atención de los civiles precisamente hacia donde no debía estar. 

Como es de esperar por la idiosincrasia del lugar, se corrió la voz de que un acceso a una playa había sido bloqueado bajo el pretexto de que era propiedad privada. Esto es inaceptable para cualquier chileno, quien entiende como un valor básico el libre acceso a las playas. Así fue como la cerca y el letrero fueron destruidos y, en un acto de rebeldía más que de genuino esparcimiento, el roquerío fue visitado por varios pueblerinos en el transcurso de dos semanas. Afortunadamente, este caso se trató de una entidad poco agresiva y bastante tímida, y por eso no hubo víctimas en este periodo, sin embargo, el sector se convirtió en lugar habitual de encuentro para un par de jóvenes. Ana y Camila eran sus nombres. 

En el tiempo que el lugar era frecuentado por lugareños, Ana y Camila lo visitaron un par de veces, principalmente porque compartían el espíritu de rebeldía que motivaba esa acción. No obstante, luego de que el roquerío dejó de llamar la atención del público, las jóvenes lo siguieron visitando. Esto fue debido a un descubrimiento que ambas hicieron y que guardaron como un íntimo secreto. Y es que en un momento Ana subió hasta la roca más alta, que sólo podía ser escalada por alguien atlético y liviano, justo en el momento en que el sol se alineaba con el mar en el horizonte. Esto le permitió presenciar un fenómeno increíble para los ojos de una persona inexperta. En realidad es un fenómeno que resultaría sobrecogedor para cualquier ser humano, y en el caso de esta joven sensible terminó convirtiéndose en una obsesión. 

Ana llamó rápidamente a Camila para que la acompañara en la observación del tan extraño fenómeno y juntas descubrieron que era posible presenciarlo únicamente en un punto específico, el que Camila más tarde bautizó como el “ángulo perfecto”. Desde este punto específico (que era tan estrecho que ambas tenían que estar de pie y abrazadas para ver simultáneamente) era posible presenciar colores imposibles, longitudes de onda que no serían visibles en otras circunstancias y experimentar sensaciones tan placenteras que la descripción verbal no podría siquiera dar una ínfima pista de lo que en realidad significaba. 

Pronto, las jóvenes se volvieron asiduas visitantes del roquerío, especialmente luego de que ya nadie más volvió a visitarlo. Una visita típica incluiría una que otra lata de cerveza y una larga conversación como ritual previo al abrazo sobre la roca, el cual duraba hasta que el sol desaparecía detrás del mar. En ese momento, la inusual suma de elementos atmosféricos, efectos lumínicos y tal vez, ondas del campo magnético terrestre, detenía su hermoso efecto. Aún así, las dos jóvenes mantenían su abrazo por largos minutos, tal vez debido a que su amistad se había vuelto más fuerte al compartir tan especial experiencia. 

Fue un día en que Camila no pudo presentarse a la hora acordada con Ana cuando la tragedia se hizo presente, y la hostilidad de la entidad oculta en el roquerío se hizo evidente. Camila se quedó, contra su voluntad, preparando la masa para las empanadas que su madre vendía para contrarrestar la cesantía y salió de su hogar apenas terminó para encontrarse con Ana. Volvió un poco antes de las diez de la noche, algo extraño para un día de visita al roquerío, ya que en esas ocasiones acostumbraba a llegar mucho más tarde. Su madre atribuyó la hora de llegada y las lágrimas que mojaban las mejillas de Camila a alguna discusión entre amigas, tal vez por algún hombre. Se preparó para consolar a su hija y tal vez darle una lección sobre la naturaleza del amor adolescente, pero el relato que escuchó la sumergió en un horror tan incomprensible como inesperado. 

Camila había corrido hasta el “ángulo perfecto” pero no encontró a Ana. Quiso observar por unos segundos el fenómeno de las luces del atardecer antes de seguir buscando a su amiga, sin embargo, en esta ocasión no funcionó. Camila tuvo que detener su relato por un momento para explicar lo del “ángulo perfecto”, pero su madre no terminó de comprenderlo ni creerlo. Aún así siguió con su recuento, para no perder tiempo. Luego de no haber visto los efectos de luces, Camila vio unas inusuales manchas rojas sobre la piedra en que estaba parada y las siguió, ya que formaban una especie de camino. Llegó hasta la orilla de la roca, la cual forma un risco que da directo hacia las olas más destructivas del litoral, y las manchas se acababan. Asustada, asomó su vista hacia abajo, pensando que Ana podría haber tenido un accidente, y vio una estrecha abertura en la roca debajo de ella. Con la agilidad que la caracterizaba, logró deslizarse por la abertura que la llevó a una amplia caverna que yacía escondida de todos quienes habían visitado ese lugar. 

En este momento el relato de la joven se vuelve errático, y la madre no pudo creer ni entender muy bien qué era lo que estaba escuchando. Lo que pudimos reconstruir entre lo que logró recordar la madre y lo que los psicólogos pudieron recopilar de las entrevistas es que dentro de la caverna, Camila se encontró con una visión imposible de comprender ni soportar. Dentro de la cueva había manchas de sangre en las paredes y el suelo, probablemente perteneciente a Ana y a otras personas, ya que la piel de los rostros de varias personas aparecía colgando en las paredes, presumiblemente como trofeos coleccionados por la criatura. Más adentro, Camila encontró el cuerpo de su amiga colgado de las piernas a medio desollar. Al lado del cuerpo, una criatura que fue descrita como “La maldad hecha animal. La concentración de todo lo que es oscuro y horrible en una sola criatura.” 

Al parecer, es en este momento que la entidad utilizó la misma sustancia que utilizaba para crear su cebo en la puesta de sol. Camila tuvo una visión inmediatamente luego de ver los ojos de la criatura. Esta incluía similares colores imposibles y sensaciones corporales, pero con un giro perverso, y todo lo que la joven pudo sentir era malestar y miedo… un insoportable miedo al desastre inminente.

Luego de eso, Camila despertó sobre el roquerío. Lo único que atinó a hacer fue correr a su casa. Una vez el relato hubo terminado, la madre llamó a la policía, quienes investigaron la escena y obviamente no encontraron nada. Es probable que la entidad haya escapado junto con toda su ornamentación. Todavía es un misterio por qué dejó vivir a Camila, aunque se sospecha que la entidad haya priorizado su propia supervivencia y la desaparición de la evidencia de su existencia. Tal vez, dentro de la poca inteligencia de la entidad, pudo concebir que el relato de la joven no sería creíble. De hecho, para la mayoría de quienes no conocen la verdad, la historia es ficticia, y es simplemente una manera de lidiar con la desaparición de Ana. 

Nosotros, que sabemos la verdad, debemos actualizar nuestros protocolos para no permitir que eventos como este vuelvan a ocurrir. Especialmente, no dejar en las manos de los gobiernos locales el resguardo del público cuando una entidad se hace presente. Debemos procurar que la existencia de la compañía se mantenga en secreto también, ya que el conocimiento del público sólo alimentará la paranoia generalizada. 

El propósito de este documento es alentar la discusión dentro de la compañía, y por ningún motivo, la divulgación del caso discutido anteriormente. No está de más recordar que cualquiera que filtrase esta información será eliminado, y quien la reciba, será silenciado también. 

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